Dos
Eduardo Salvo Lissardi se encontraba esa tarde del primero de enero en su casa que había pertenecido a su padre y a sus abuelos ubicada en Medrano y Honduras, una típica casa tipo "chorizo" que con el tiempo fue refeccionada, era amplia, con un jardín al fondo, con los típicos árboles frutales y una pequeña piscina en forma de óvalo. Vivía con su madre que frisaba los 90 años.
Esa tarde se encontraba leyendo como siempre lo hacía en la galería que daba al jardín y fumando sus tradicionales cigarrillos negros. Eduardo Salvo era abogado y ya era un cincuentón que veía cómo se iban desdibujando sus esperanzas y sueños. Solo y cada vez más solo, y ahora sin la presencia de su padre, que había sido en su juventud cantante lírico y luego empresario. La familia vivía de los suculentos dividendos que anualmente seguían produciendo las empresas de su padre. Vivían sobriamente y pocas veces salían.
Ahora Eduardo debía continuar con los negocios de su padre e ir superando el duelo como fuera.
Su madre dormía aún la siesta y de pronto sonó su teléfono celular.
- Hola pibe. Como estás? Soy Chicho.
- Hola Chicho! Que alegría escucharte! le contestó Eduardo.
- Tu vieja como está?
- Mamá sigue muy triste. Todo esto es muy doloroso para nosotros Chicho. La muerte de papá nos partió en dos.
- Lo entiendo pibe. Mirá ¿ qué te parece si mañana voy a verlos con Nené?
- Sería buenísimo Chicho. Hace mucho tiempo que mamá no los ve a ninguno de los dos. Si podés venite al mediodía, así comemos unas pastas.
- Estaría bárbaro. Ya estoy cansado de tanto asado. (risas)
- (risas) Bueno Chico, venite a las 12 ¿Está bien?
- Entre las 12 y la una mas o menos, andaremos por allí.
- Será un enorme placer y además a mamá le hará bien. Nos vemos mañana Chicho.
- Hasta mañana pibe. Mandale un beso a tu vieja. Chau.
Eduardo se alegró del llamado a pesar que a su tío Chicho no lo veía casi nunca. Fue a la habitación de su madre y no la encontró. Fue a la cocina y estaba tomando mate.
- Vieja, mañana viene el Chicho con Nené.
- ¿El Chicho con Nené? Ay Dios! Qué suerte! Qué bueno es el Chicho que viene a vernos. Seguramente se queda a comer ¿no? ¿Comerá nuestras pastas?
- Eso mismo le dije vieja (risas)
- Ay! Hijo Mío! Sino fuera por vos...te quiero mucho. Qué bien hiciste invitándolos a almorzar con nosotros. Por ahí, quien sabe, Edy...puede tener algo para vos.
-(risas) Me lo hubiera dicho. No es lo que me importa. Dale vieja, pásame un mate y unas facturas.
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