Uno
Sutram se encontraba en su flamante despacho de la Torre Catalinas Norte, en una mañana calurosa de febrero en Buenos Aires. Empezaba la lectura de un libro de Ken Follet, Los Pilares de la Tierra que nunca había leído pero que le habían recomendado.
De pronto, su celular comenzó a vibrar. Lo llamaba un conocido periodista de investigación policial, amigo suyo, Enrique Kurt.
Se ajustó el receptor inalámbrico en su oreja, presionó un botón y aceptó la llamada.
- Hola Quique. ¿Cómo estás?
- La atraparon.
- ¿A quién Quique?
- A una farmacéutica por el crimen del Ingeniero Fernando Yañez.
- ¿Quién es?
- Valeria Ferrante.
- Dirás, la Doctora Valeria Inés Ferrante Olivares.
- ¿Cómo...cómo sabés el nombre completo?
- Y te puedo decir más. Estoy en mi despacho de Catalinas.
- En 30 estoy por allá.
- Te espero.
Sutram conocía desde hacía muchos años a la Dra. Ferrante. Fue su novia durante varios años, nunca vivieron juntos pero se veían todos los días, se fueron muchos años de vacaciones juntos y compartieron momentos intensos de placer durante 5 o 6 años. Luego los celos de Valeria y su cáracter agresivo hacia él, infundado o no, terminaron su relación de manera algo intempestiva. No se vieron más, salvo algunos eventos pero siempre a la distancia. Se evitaban el uno al otro.
Por un momento pensó Sutram que Valeria sería capaz de hacer cualquier cosa, incluso de matar. Y recordó un incidente ocurrido hace 10 años atrás. La muerte de un conocido de él, el Arquitecto Hernán Seisdedos, del cual él siempre creyó que fue un asesinato. Pero no hubo autopsia y el cuerpo fue cremado por la familia. Había dejado una esposa joven y tres hijos entre 7 a 15 años de edad.
Seisdedos era miembro de una Fundación del cual era parte y allí se conocieron pues Valeria fue a dar una conferencia para la fundación sobre el impacto de la bioquímica en la biodiversidad.
Mientras recordaba ese incidente, su secretaria le avisó que le esperaba el periodista Enrique Kurt.
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