- ¿Cómo está Doctor? le dijo Burka
- Bien y ¿vos? Justo estaba por tomar el té. ¿Preferís té o café, pibe? contestó Sutram.
- Té y aparte con estas masas alemanas o suizas, no son para despreciar.
- (risas) Suizas. Tenés buen gusto, pibe. Me dijo Kurt que vendrías a verme en estos días.
- Sí. Es que estamos llevando una investigación. No por un delito. Sino por aquella época de los comisarios fuertes que según me dijo Kurt, Usted conoció de sobra.
- Ahh...bueno, la relación con ellos fue personal, eran amigos de mi padre y otros familiares.
- Me gustaría que me cuente sobre ello. Como prefiere que le diga Doctor o Sutram?
- Me da lo mismo, podés decirme Doc.
- Ok. Lo escucho Doc. Voy a grabar, espero que no le moleste y tomo notas.
- No me molesta.
- Ok.
- Como sabrás una época fue retratada magistralmente por Fray Mocho en sus Memorias de un Vigilante. Otra la podemos ubicar de forma más contemporánea con el Comisario Meneses, duro e implacable contra el delito, más adelante con lo que fuera Coordinación Federal con los Comisarios Felipe Varela, Arza (padre) y finalmente con el Comisario Villar.
- Y Ud Doc a quiénes conoció?
- Al Comisario Felipe Varela. Mi padre a los demás.
- Y de dónde vino esa relación?
- Por el trabajo de mi padre esencialmente en la aviación. Y creo por sus antecedentes en el Ejército y por familiares, uno fue un alto jefe policial y otro un alto jefe militar durante el Proceso. Pero creo que fue más bien por el trabajo de mi padre en el área de Comunicaciones.
- Y qué me puede decir del Comisario Varela?
- Fue un gran amigo de mi padre y conmigo la relación fue fraternal. Era un caballero en todos los sentidos. Su paso por Coordinación Federal fue importante, así como también en el área de Inteligencia. Supongo que lo habrá conocido a un primo de mi padre que fue Jefe de Inteligencia en la Policía Federal. Pero jamás le pregunté sobre eso. Lo que sí sé, era que detestaba que le dijera Comisario, hablo de principios de los 90s. Detestaba la corrupción, fue un profesional en la lucha contra el delito al igual que sus camaradas, hablamos de gente nacida a principios del siglo pasado, del 18 hasta el 25 como máximo.
(pausa) (Sutram piensa) Yo la consideraba y la sigo considerando a toda esa generación de policías como verdaderos quijotes que luchaban contra los molinos de viento de la corrupción y degradación.
- ¿Perdieron?
- A la vista de hoy, diría que sí. Es lamentable. Lo que me queda del recuerdo de esa época son recuerdos, palabras sueltas que luego hilvanadas por el transcurso del tiempo, generan una sucesión de hechos y de ideas.
- ¿Por ejemplo?
- No se utilizaba la “picana”, se la creía innecesaria. Con un par de sopapos se resolvía el tema. “Cantar” iban a hacerlo, a decir la verdad, y a nadie se le pasaba por la cabeza utilizar métodos cruentos e inhumanos. Estaban prohibidos por los reglamentos en vigor. Un manguerazo de agua fría era también suficiente, contra los rebeldes, borrachos o indigentes. Y en estos últimos casos les hacían un favor. Se volvían habitualistas porque en la comisaría o “taquería” se los atendía bien, desayunaban o comían. Muchos preferían hasta la cárcel porque por lo menos allí les daban de comer. Después estaban los “buchones” que vivían en el delito menor gozando de una cierta protección dependiendo de lo que desembuchaban era cierto o no. Hoy sigue existiendo, aquí y en otras partes.
- ¿Cuándo se retiró Varela, siguió trabajando?
- Claro. Era Jefe de Seguridad de British Airways, antes había trabajado para Bunge & Born. Murió como vivió en su casa, modestamente, sobriamente. Así fue toda esa generación, la de mi padre. Y mi padre me inculcó esos valores.
Dejame decirte algo más que va un poco más allá de la entrevista, pibe. Te podría nombrar a un centenar de Comisarios a cargo de seccionales de la Policía Federal Argentina que compartían entre ellos lazos fraternos de camaradería y a la vez un celo profesional en la lucha contra el delito, aún en los inicios de los sesentas en los que asomaban tibias organizaciones como Tacuara que luego con el tiempo fueron degenerando en organizaciones terroristas tan temibles como las Brigadas Rojas en Italia, el IRA en Inglaterra o el ETA en España.
(pausa (Sutram mira el cielo) Recuerdo lo que me decían:
- Pibe, fíjate con quién andas.
- No te quedes en la casa de nadie.
- Lleva siempre tus documentos.
- Si ves algo extraño, detené la marcha y metete en un local o sino subí a un colectivo.
- No te hagas el mártir. Si ves a un vigilante, cóntale lo que te pasa.
- Respetá a la autoridá y a las instituciones. Para eso están, para cuidarte.
- Estudia y pensá.
- Trata de leer “entre líneas”.
- Lee aforismos.
- Respetá a tus viejos y sé cariñoso con ellos.
- Hay que ser agradecido en la vida.
- No le chamuyes tu vida a cualquiera que ni sabes quién es.
- No cuestiones a la autoridad, ni a tus maestros, ni a tus viejos, ni a la policía.
- Nunca hables de guita frente a los pobres.
- Mirá a la gente a los ojos.
- El que rehúye la vista, es un malandra, va por mal camino. Ojo con él. Tené cuidado.
- Al delincuente, al chorro, se lo huele ¿sabés? No es que tengan mal olor, sino que se percibe en la piel, quien está dentro de la ley y quien fuera de la ley.
- Sé cuidadoso. Mirá siempre a tus espaldas y enfrente de la calle. Pispeá el ambiente.
- Sé precavido. Si no te gusta algo, rajá.
- No vayas a marchas de ningún tipo. Evitá las aglomeraciones.
- Finalizo pibe para no dilatar mucho la cuestión, con esto. Cuando la política se fue inmiscuyendo en la labor policial, con descabezamientos sin ton ni son, con erráticas políticas impulsadas por políticos carentes de formación alguna en la materia, cuando se perdió el profesionalismo por la “bajada de línea” del gobierno civil o militar del momento, la policía perdió el rumbo. Pues hasta los mismos jefes no sabían a quién reportar, fueron cercenadas sus facultades en manos de fiscales jóvenes inexpertos, de un sistema legal que desprotegió a la sociedad civil y la entregó impunemente en manos de los delincuentes. Este lamentable cuadro de situación subsiste actualmente. Hoy los ascensos no se miden por la foja de servicios impecable del que pretende ascender sino por lo que unos burócratas deciden en un ministerio que está sujeta a la profana bendición de unas mujeres que lucen en sus cabezas pañuelos blancos.
- Esperemos Doc que las cosas cambien por el bien de todos, yo soy padre y tengo hijos. Me gustaría que vivieran en un país mejor que el actual.
- Lo mismo pienso, pibe. Todos queremos lo mejor para el país, es de argentino bien nacido pensar así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario