martes, 30 de diciembre de 2014

El hebreo, el mestizo y el italiano - Uno -

Uno

De viaje por América Central recorrimos los tres un amplio territorio de costa a costa, del centro de un pequeño país centroamericano, bordeamos el Océano Pacífico, cruzamos un estrecho y nos adentramos al norte de ese país hasta llegar al tan ansiado Mar Caribe. 

Una epopeya que pocos han vivido. Algo que solamente ves por TV en algún canal de documentales viéndolo de manera aséptica pero sin enfrentar los peligros de una selva y de un mundo desconocido, zonas donde ni siquiera el hombre se ha atrevido a llegar, donde la civilización que conocemos no existe, sólo la prehistoria.

Con el hebreo compartía desde hacía 10 años asuntos varios, no éramos socios, ni amigos; pero nos veíamos siempre porque trabajábamos en el mismo piso de un edificio de oficinas céntrico de la ciudad de Buenos Aires.

Yo me tomaba las vacaciones, luego que todo el malón de la gente volvía y lo hacía a lugares exóticos que no conocía. Ya durante mi niñez y parte de mi adolescencia había conocido parte de Europa, algo de Sudamérica y Norteamérica con mis padres. Desconocía casi por completo el país donde había nacido, los amigos de mis padres eran extranjeros y por ende mis vacaciones transcurrieron casi por completo fuera del país.

Cuando mi padre se retiró, yo empecé a viajar por mi cuenta, solo, hacia recónditas regiones. Miraba el mapa y marcaba los lugares que quería conocer; luego me fijaba en las enciclopedias que había en mi casa y me largaba a conocer esos lugares. 

Con la llegada de Internet, allá por el 96, otras fueron las experiencias pues podía comunicarme con personas que vivían en esos países que yo quería conocer. Y así con el correr de los años fueron surgiendo amistades que conservo hasta hoy.

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