Sexto
Y un buen día llegó la confrontación entre el hebreo y el mestizo.
Yo ni me di cuenta. Estaba tomando una cerveza debajo de una sombrilla en Playa Conchal cuando Mix se me acerca y me dice:
- Me voy, Tano.
- Porqué Mix? Qué ha pasado?
- No aguanto más al Ruso.
- Piano, piano. Esto lo arreglo en un minuto. Y vos no te vas a ningún lado Mix.
Me le acerco al hebreo y le digo:
- Ezrah (así le decía en asuntos serios) tenemos que hablar.
- Decime, dice el hebreo.
- Mirá querido Ezrah. Yo sé que te gusta manejar la Pathfinder todo el tiempo en este hermoso lugar que es Veragua. Pero eso no implica que lo maltrates a Mix.
- Tenemos formas distintas de ver las cosas y aparte él no aporta nada, dice el hebreo.
- Ezrah, hablemos claro. Primero la camioneta es mía. Segundo, ni yo ni vos jamás hemos conducido en montañas y menos con precipicios, vos a lo sumo a lo más que llegaste fue a Villa Carlos Paz. Aquí conducir es complicado, hay que saber manejar, y usar la caja de cambios y no el freno, tenés que hacer rebajes Ezrah. Yo no soy piloto pero he estado al lado de pilotos de carrera que vos conocés, campeones de rally. Te he llevado a ver competencias, a boxes, a sus talleres de competición. Y esto es así, Ezrah.
- Sí - asentía con la cabeza el hebreo.
- Además Ezrah nuestro amigo Mix nos sirve de gran ayuda, no sólo conduce bien la camioneta, sino que es local; nos llena la camioneta de provisiones, nos hace la comida. En fin, se encarga de todo. Casi como fuera un vasallo nuestro.
Entonces ahora Ezrah reconciliate con él y aquí nada habrá pasado.
¡Disfrutemos Ezrah de esto, es Único!
Ezrah se acercó a Mix y le musitó un perdón.
Mix me guiño un ojo y se puso a reir.
En un momento Mix nos dijo a los dos:
"Esto que vivimos es único. Quizás después de esta vez nunca más nos volvamos a ver pero este viaje, esta travesía, será inolvidable".
Así fue, con el tiempo nunca más los volví a ver ni a Mix ni a Ezrah.
Nada es para siempre.
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