Gargajo padre como lo solíamos llamar había sido mi odontòlogo de chico y con el tiempo lo fue de mis padres, por una larga relación adúltera entre su padre y su hijo con alguien conocida de mi familia que se prolongó casi hasta estos días.
Muerto su padre, "Gargajo" heredo el consultorio y sus clientes. Es un muchacho afecto a los deportes extremos, casi ni puede caminar y arrastra sus pies fruto de inmumerables caìdas esquiando.
La situación que relato brevemente aquí tiene un paralelismo asombroso con Un Tal Lucas, Lucas sus Hospitales de Julio Còrtazar. Como recordarán Lucas sale del hospital francés donde no tienen tollas ni dentífrico, ni camisón entre otras vituallas que Lucas apunta cuidadosamente. Salir del hospital representó una odisea para Lucas, hay que seguir las flechas que marcan las galerías pero no siempre las marcan como es sabido y después de un larguísimo e interminable pasaje llega a la salida donde pregunta dónde hay un supermercado y lo encuentra luego de dar vueltas y màs vueltas a medio kilómetro. Sin embargo no encuentra todo lo que buscaba y debe seguir vagando por esa ciudad que no conoce, con un calor terrible que lo va alejando cada vez màs del hospital y sin taxis para regresar en busca de otro supermercado. Es cuando el vértigo de la realidad sucumbe frente a èl, dolorosa y fatal, en un territorio ignoto.
Idéntica situación me ocurrió con mi padre ya fallecido por una ineficiencia o dirìa "mala praxis" o desdén o indolencia de Gargajo Junior que le había extraído una muela a mi padre, pero se "olvidò" de darle puntos. Por ende a la noche, mi padre incurrió en un cuadro hemorràgico que casi le cuesta la vida, deambulando por urgencias en una zona helada y lluviosa hasta que al final desistimos en regresar a casa y esperar que Gargajo Junior que se "negaba" a atender a mi padre se dignò ir luego de más de 20 horas atenderlo y curar la herida. Recuerdo su frase "nadie se muere por una hemorragia capilar" aun cuando haya perdido más de un litro de sangre, sea un paciente de riesgo cardiovascular de avanzada edad y con severìsimos problemas plaquetarios.
En ese momento me vino a la mente el cuento de Lucas y por vez primera sentí el desdén y el abandono de los que suponemos están para cuidarnos de nuestra salud.
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